Memoria Emily Dickinson

Memoria Emily Dickinson en Animal Sospechoso con María-Milagros Rivera y Sabina Editorial.

Primera parte
Segunda parte
Tercera parte

(26/3/19)

Yo guardaré luto el 8 de marzo

No me vestiré de negro, pero guardaré luto este 8 de marzo. Luto por la violencia a la que los partidos políticos y sus medios de comunicación nos están sometiendo a las mujeres desde que fueron anunciadas las elecciones generales. Todos los partidos se han vuelto, de pronto, más feministas que nadie y vociferan lo primero que se les ocurre para intentar demostrarlo. Todos notan que las mujeres libres hemos cambiado el mundo y que la tierra se está abriendo bajo sus pies. Pero no se han enterado verdaderamente de nada. Todos quieren saber qué pasa sin escuchar ni leer a las mujeres ni reconocer autoridad femenina, a pesar de que bastantes de nosotras vamos advirtiendo desde hace tiempo de que hemos traído al mundo un cambio de civilización que les afecta (Librería de mujeres de Milán, Cambio de civilización, “Sottosopra” 2018, revista DUODA 56). En España, todos tratan de atrapar el voto femenino como sea: trampas, lazos, pantallas gigantescas, cazamariposas, logorrea… Durante esta semana, resulta imposible enterarse de lo que pasa en el mundo. La única noticia es la miseria femenina y cómo se ocuparán de ella los distintos partidos. Se ocuparán de entretenerla, la que exista, porque si no, se quedarían sin puesto o sin saber qué hacer. Lo propio sería que se quitaran de en medio y nos dejaran en paz.

Porque las mujeres no somos miserables. Las mujeres somos la fuente de la abundancia. Lo que es miserable es que los medios de comunicación y los políticos hablen de nosotras en esos términos. Las mujeres de hoy hemos traído al mundo el final del patriarcado, y lo hemos traído sin sangre, aunque los asesinos de mujeres lo ensangrenten todo. Las mujeres de hoy hemos desenmascarado el contrato sexual que sostenía el patriarcado (Carole Pateman, 1988), un pacto violento entre hombres para acceder a nuestros cuerpos y apropiarse de nuestros frutos, pacto previo y contiguo al contrato social, pacto violento al que no estoy segura de que los partidos políticos quieran renunciar, aunque esté muerto. Las mujeres hemos transformado la política sexual para ser felices, y lo estamos siendo, unas echando de casa cuarenta años atrás al patriarca, otras no dejándole entrar en ella, otras reeducándolo pacientemente, otras reconociendo a los hombres libres del patriarcado. Muchas mujeres no queremos contar en la política de unos partidos que nacieron a finales del siglo XVIII en contra de las Preciosas, mujeres que, estas sí, habían hecho desde principios del siglo XVII en sus Salones, política de verdad, sin violencia, política de las mujeres inteligente, sensible y mixta, con mediación femenina. Los partidos políticos nacieron como entidades de solo hombres: nacieron a la contra y siguen a la contra, aunque haya ahora mujeres, porque su régimen de la mediación no ha cambiado y sigue tan masculino como siempre.

El 8 de marzo saldrán a las calles a manifestarse muchos hombres confusamente patriarcales y es posible que muchas mujeres vaginales. A mí me da pena, porque sé que, unos queriendo, otras sin querer, prestarán un servicio simbólico impagable a lo que queda del patriarcado y a lo que queda de las ganas masculinas de que el patriarcado no hubiera terminado. Este ruido y esta grave alienación amortiguarán, aunque sea temporalmente, los ecos del MeToo, los ecos del triunfo de la libertad femenina en las vidas de muchísimas mujeres cercanas y lejanas. Es la libertad femenina lo que ha cambiado la civilización, no los partidos, porque la libertad se encuentra con la libertad, no con la miseria.

(5/3/2019)

¿Pena capital solo para hombres? A Laura Luelmo (1992- 21/12/2018) con amor

¿Es pensable la pena capital solo para hombres? ¿Acabará siendo pensable pronto? Ha pasado casi una semana desde que la profesora de 26 años Laura Luelmo fue secuestrada, torturada, violada, asesinada… por un hombre que ya había asesinado a otra, agredido sexualmente a otras y estaba en libertad por haber cumplido su condena legal. “Reinserción”, “legislar en caliente”, “derecho, no venganza” son las pobres letanías con las que han respondido muchos políticos profesionales y los medios. Gran parte del resto de la población, en cambio, está harta y así lo manifiesta. El padre de Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo, ha pedido que se haga justicia contra su hijo. ¿Sugiere que lo que se ha hecho hasta ahora no ha sido justicia? Ha añadido que ni la madre ni la familia tienen la culpa, que no han podido hacer más.

Sé que la pena de muerte es un impensable, y es bueno que así sea. La reina María I de Portugal (1734-1816), la primera que la abolió en Europa, lo hizo horrorizada por la ferocidad de las ejecuciones dictadas por su padre contra las familias nobles que participaron en la conspiración de los Távora (1758), ejecuciones que incluyeron a niñas y niños. María de Portugal era una mujer y, por eso, sabía que la competencia simbólica sobre el cuerpo es de la madre, su autora. Actuó desde dentro del patriarcado con uno de los instrumentos que este tenía y ella controlaba: el Derecho.

Me pregunto si hoy, una vez terminado el patriarcado, el tabú que volvió impensable la pena capital se sostiene. ¿Es posible hoy afrontar la contradicción flagrante entre el tabú de la pena de muerte y los continuos asesinatos de mujeres? Ahora podemos decir en voz alta y sin miedo que los asesinos son hombres, siempre hombres, y que esto es significativo, muy significativo. Ya no es invisible su masculinidad, precisamente porque ha terminado el patriarcado, que la encubría, también con sus leyes.

Los delitos están sexuados: aproximadamente el 8% de la población reclusa en España es mujer. Es decir, las cárceles están llenas de hombres: 92 hombres y 8 mujeres de cada 100 delincuentes condenados por ley. El hombre es el delincuente modelo.

El Derecho está sexuado. Como ha mostrado Ilaria Boiano, hasta mediados del siglo XX la violencia masculina contra las mujeres estaba sostenida por el propio Derecho. Todavía hoy sigue, en gran medida, impune, también cuando se cumple la ley. El padre del asesino confeso de Laura Luelmo sigue pidiendo que se haga justicia.

La justicia tiene dos platillos de balanza y una espada. Quitémosle la espada (el falo, constructo cultural del pene) y cabrá en la cabeza la pena capital solo para hombres.

Volver pensable la pena capital solo para hombres ¿serviría para que entre en su cabeza y, más aun, en su sentir, la evidencia de que son hombres los que, sin siquiera dar la vida, la quitan continuamente? ¿Serviría para que tomen conciencia de que las mujeres les damos la vida y…, se la podríamos quitar? El miedo ¿los detendría cuando no los detiene ni el amor ni la ética? Necesitamos un cambio radical de conciencia de lo que es ser hombre hoy. Todos están implicados.

(26/12/2018)

Congreso Mayo 2018-1968: Debajo de los adoquines está el feminismo

La Cátedra Internacional de Hermenéutica Crítica «HERCRITIA» organizó el congreso Mayo 2018-1968: Debajo de los adoquines está el feminismo, con motivo de los 50 años de Mayo del 68.

«Mesa Redonda: Pensar la Violencia tras mayo del 68: Resistencias, Imaginación y Afirmación de Posibilidades Otras»

Un asesino machista nuevo por semana en 2017

Un asesino machista nuevo o dos han aparecido cada semana en España este año 2017: uno, dos o más, según quién haga los cálculos. Oficialmente es uno a la semana pero, contando bien, salen dos o más, como mostró Esther Ferrer para 2015 con la instalación de 109 sillas vacías en su exposición Entre líneas y cosas (2016). Cada caso es una historia sagrada, sagrada porque lo esperpéntico de cada modalidad de violencia escogida por el asesino te obliga a detenerte atónita como detiene lo sagrado: te obliga a dejarte sentir y a intentar pensar. Ante la noticia de los tres últimos casos en cuatro días, he sentido náuseas, desolación, ansia de justicia (no de leyes), y una comunión profunda con cada mujer asesinada y con la madre de ella y la de él; seguido todo de la pregunta ¿de verdad pertenecemos las mujeres a la misma especie que esos hombres, hombres comunes y corrientes, por lo demás?

 

Hace dos días, el 26 de diciembre de 2017, un hombre de 28 años asesinó (presuntamente?) a la mujer de 20 que había sido su novia y le había dejado porque la maltrataba. La chica volvió a casa de su madre y esta denunció ante la policía al agresor. La comisión correspondiente le dio a él orden de alejamiento y calificó el caso de “riesgo medio”. A ella le dijo que no fuera sola por la calle (!). El día del crimen, a las 6 de la mañana, ella esperaba a una amiga para ir a trabajar. Él fue al sitio, la obligó a meterse en su coche amenazándola con una navaja mientras la arrastraba por el pelo y, poco después, estrelló el coche contra un surtidor de gasolina cerca de Benicàssim (Castellón). Ella murió en el acto, él poco después y, no se sabe cuándo, el perro que el asesino suicida llevaba en el coche. ¿Cabe más violencia en una sola cabeza, en un solo cuerpo si cabeza no tenía? El día antes, día de navidad de 2017, un  hombre de 34 años asesinó a su mujer de 30 en Sant Adrià del Besòs (Barcelona) y la medio enterró junto a las vías del tren que hay entre el barrio de La Mina y la Ronda Litoral. Ella le había denunciado dos veces por malos tratos, pero la fiscala o el fiscal no dio importancia al asunto. Tal vez ya no pueden con ello. Hoy 28 de diciembre, en Azuqueca de Henares (Guadalajara), un hombre de 40 años ha asesinado a puñaladas a su mujer de 37 en su casa, en presencia de sus tres criaturas, menores de edad; luego ha intentado suicidarse, en vez de hacerlo antes, sabiendo como sabía que una pareja anterior le había denunciado por malos tratos en 2007.

 

Si se contaran también los maridos, parejas y ex ambas cosas que matan el alma femenina a fuerza de violencia psíquica contra sus mujeres ¿quién sabe cuántos saldrían? ¿Haría falta una cárcel especializada cada tres pueblos? “La vida de la mujer es la vida del alma”, enseñaba María Zambrano. El alma es la sede del amor, amor del que cada mujer solo sabe que es todo lo que hay (Emily Dickinson). Hace muchos años, de estudiante en Chicago, vi una versión feminista de la obra Matar a un ruiseñor en la que el ruiseñor era el canto del alma de la esposa. Recuerdo todavía la intensísima escena interior de mi toma de conciencia de que la violencia masculina contra el alma femenina mata a una mujer ya antes de que intervenga la fuerza.

 

Precisamente ayer firmaron ruidosamente los partidos políticos un pacto de Estado contra lo que ellos llaman la violencia de género, tapando malamente la pequeña vergüenza que parece que les dé el llamar a las cosas por su nombre pronunciando la frase exacta “violencia masculina contra las mujeres”. El pacto de Estado consiste en medidas y dinero. Pero le falta lo esencial, o los medios de comunicación no lo han recogido: le falta llamar a las cosas por su nombre insistentemente, hasta que los hombres se enteren por fin de que el problema es de ellos y de todas las entrañas y las conciencias masculinas, si aún tienen.

El fuero de Uclés (siglos XIII-XIV)

La donación por Alfonso VIII del castillo, villa y término de Uclés a la Orden de Santiago en 1174, marca el final de un período de cerca de un siglo caracterizado por el deterioro progresivo de las estructuras de poder en este sector fronterizo de la Marca medieval musulmana. Concomitantemente, inaugura una etapa plurisecular de vinculación de esta villa de la Mancha oriental a la Orden de Santiago, la cual hizo de Uclés sede central de tal institución en Castilla.

El fuero de Uclés (siglos XIII-XIV)

Consulta el texto completo en PDF aquí: El fuero de Uclés (siglos XIII-XIV).

Mujeres y gobernanza

Se trata de reconocer lo que las mujeres hacemos, traerlo al conocimiento, a las relaciones, a la política a la historia, a la vida. Reconocer la libertad femenina que hay, que ha habido y que habrá

El no reconocimiento de la libertad femenina, conlleva violencia, violencia continua de los hombres que la niegan. Por el contrario, reconocerla, significaría paz de verdad, paz como reconocimiento de la vida humana y puede traer una política sexual mucho más justa.

El patriarcado ha acabado dentro de cada mujer que ya no le tiene lealtad. El patriarcado aún existe, pero la mujer lo ve como una injusticia, no como algo inevitable, o como una discriminación.

La presencia de mujeres en gobiernos occidentales, ha disminuido en los últimos años. Por qué, porque tener el poder, hoy por hoy, quiere decir ejercerlo en términos masculinos. Y una mujer viviendo en términos masculinos es una mujer alienada.